17 dic. 2008

Juan de la Cruz nos escribe



"Se comunica Dios al alma con tanto amor, que no hay afición de madre que con tanta ternura acaricie a su hijo, ni amor de hermano ni amistad de amigo que se le compare; porque aún llega a tanto la ternura y verdad de amor que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma, ¡oh cosa maravillosa y digna de todo pavor y admiración!, que se sujeta a ella verdaderamente para engrandecerla, como si él fuese su siervo y ella fuese su señor.


Y está tan solícito en la regalar como si él fuese su esclavo y ella fuese su Dios. ¡Tan profunda es la humildad y la dulzura de Dios! Y así, Dios está empleado en regalar y acariciar el alma como la madre en servir y regalar a su niño, criándole a sus mismos pechos.


¿Qué sentirá, pues, el alma aquí, entre tan soberanos regalos? ¡Cómo se derretirá en amor! ¡Cómo agradecerá ella viendo estos pechos de Dios abiertos para sí con tan soberano y largo amor! Sintiéndose puesta entre tantos deleites, se entregaba a toda a sí misma a él, y dale también sus pechos de su voluntad y de su amor".





(Cántico Espiritual 27,1)

14 dic. 2008

Hoy celebramos a San Juan de la Cruz



¡Muchas felicidades a toda la familia del carmelo en este día de San Juan de la Cruz!

De una manera especial a todas las parroquias e iglesias, que tienen como patrono a este gran Santo.
Dios bendiga toda la tarea que los frailes y hermanas realizan para el bien de la Iglesia.
Por intercesión de San Juan de la Cruz, ponemos en manos de Jesús a la familia carmelitana y que Él imprima en nuestro corazón estas palabras:


"El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente."


"Si deseas hallar la paz y consuelo de tu alma y servir a Dios de veras, no te contentes con eso que has dejado, porque por ventura te estás, en lo que de nuevo andas, tan impedido o más que antes; las deja todas eso tras cosas que te quedan y apártate a una sola que lo trae todo consigo, que es la soledad santa, acompañada con oración y santa y divina lección, y allí persevera en olvido de todas las cosas; que, si de obligación no te incumben, más agradarás a Dios en saberte guardar y perfeccionar a ti mismo que en granjearlas todas juntas; porque ¿qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si deja perder su alma? (Mt 16, 26)".
- San Juan de la Cruz -

13 dic. 2008

Inicio de la Reforma


Juan entra en el noviciado de los carmelitas buscando la contemplación, y no le satisface lo que ve. Piensa en irse a la Cartuja, pero se encuentra con Teresa y le convence de que inicie con ella la reforma. La inicia en Duruelo (de Ávila), y son 3 frailes.

Allí pasa a llamarse Fray Juan de La Cruz.

Tremenda austeridad: frío. Hermandad y recreación. Trabajo pastoral moderado. Silencio: pacto de no explicar lo que viven y hacen. Ese pacto no lo había hecho Teresa que sí lo explica en los capítulos 13 y 14 de las Fundaciones. Llama la atención a la Santa las cruces que ve por todas partes.
Primero o segundo domingo de adviento de este año de 1568 (que no me acuerdo cuál de estos domingos fue), se dijo la primera misa en aquel portalito de Belén, que no me parece era mejor.
La cuaresma adelante, viniendo a la fundación de Toledo, me vine por allí. Llegué una mañana. Estaba el padre fray Antonio de Jesús barriendo la puerta de la iglesia, con un rostro de alegría que tiene él siempre. Yo le dije: «¿qué es esto, mi padre?, ¿qué se ha hecho la honra?». Díjome estas palabras, dociéndome el gran contento que tenía: «Yo maldigo el tiempo que la tuve».
Como entré en la iglesia, quedéme espantada de ver el espíritu que el Señor había puesto allí. Y no era yo sola, que dos mercaderes que habían venido de Medina hasta allí conmigo, que eran mis amigos, no hacían otra cosa sino llorar. ¡Tenía tantas cruces, tantas calaveras! Nunca se me olvida una cruz pequeña de palo que tenía para el agua bendita, que tenía en ella pegada una imagen de papel con un Cristo que parecía ponía más devoción que si fuera de cosa muy bien labrada.

En adviento, comienza algo nuevo. Quizá en este Adviento ha de empezar algo nuevo para mí

Juan lleva a Duruelo la vivencia de lo más esencial. Vida de pobreza, de austeridad. Es vivencia de apostolado sencillo entre los más pobres. Entre aquellos que están a su lado.
Dios se fija en la pequeñez de Duruelo y de ahí saldrá la orden reformada del Carmelo, hoy presente en los cinco continentes.

Juan es pequeño, pero grande a los ojos de Dios.

Le escribe Teresa a Don Francisco de Salcedo:
"Hable vuestra merced a este padre (1), suplícoselo, y favorézcale en este negocio, que, aunque es chico, entiendo es grande en los ojos de Dios.

Y más adelante:
Torno a pedir en limosna a vuestra merced me hable a este padre, y aconseje lo que le pareciere para su modo de vivir. Mucho me ha animado el espíritu que el Señor le ha dado y la virtud entre hartas ocasiones, para pensar llevamos buen principio. Tiene harta oración y buen entendimiento; llévele el Señor adelante."

Dios se enamora de lo sencillo, de lo humilde, no de lo grande.

Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, mas en la grandeza de su humildad.

Dios se enamora de la sencillez de San Juan de la Cruz.



9 dic. 2008

En el seno de la contemplación



San Juan de la Cruz siente una divina urgencia por lle­var al alma a la contemplación que es conducirla al trabajo amoroso de Dios santificador. Mientras el alma esta razonando o usando la imaginación no esta en contacto directo con Dios, porque su inteligencia y voluntad están movidas por motivaciones naturales. Cuando el alma trasciende esas actividades de las potencias naturales es cuando empieza a actuar la fe y con ella la acción de Dios ya es directa. Se realiza entonces la comunicación de sustancia a sustancia.

En la meditación el alma daba mordiscos al coco en su corteza. Se cansaba y no saboreaba. Y no se nutría. Quedaba agotada y exhausta.

Ahora en la contemplación ya logra romper, por gracia de Dios, la dura corteza de la fruta, puede paladear su rica pulpa beber el líquido sabroso que, a la vez que la refrigera, la nutre y la tonifica y la hace fuerte.

¡Dichoso momento en el cual el Espíritu de Dios obra tales maravillas en el alma que la van a ir transformando, si es constante ella, si sabe aprovechar esos momentos, hasta el punto de no parecer ella, sino Dios!

Y llegará a poder decir:
"Vivo yo pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí."

En esa fuerza sorberá actividad. En esa bebida se sentirá con energías para acometer la corrección de sus defectos. En esos momentos el Espíritu sembrará las virtudes que, tras un proceso de calor y de maduraci6n, se irán haciendo fuertes y realizando la transfiguración, que humanamente no tiene explicación, ni se esperaba jamás. Pero lo que a las fuerzas del hombre era imposible no lo es a las de Dios. Y es Dios quien ahora está obrando y realizando lo que El desea realizar desde siempre, pero el alma le detenía por­que no empleaba rectamente su libertad, que El respetaba. Una vez que el alma se ha abierto a la gracia, cuando, con su ayuda logró romper la dura y difícil corteza, ya está Dios derramando vida, infundiendo vida y haciendo labor de Dios, que a su tiempo se manifestará. Y esa manifestación nos hará ver la diferencia que hay de obra divina a obra humana. Y nos hará lamentar el tiempo que perdimos y el tiempo que pierden los hombres por no acertar a encontrar el manantial del agua viva que nos exalta y embellece. Que nos mejora y sublima. Que nos empuja a obrar, a amar, a hablar, a callar, a orar, con gemidos silenciosos e inefables al Dios de la paz y de la santa soledad.

autor: Padre Jesús Martí Ballester


4 dic. 2008

Talentos y magisterio



Era Juan de la Cruz pequeño de estatura, pero agudo de inteligencia, bien cultivado y con enorme capacidad de síntesis. Esa capacidad ya se revela en los Prólogos de sus Cuatro Obras grandes: Subida, Noche oscura, Llama de amor viva y Cántico espiritual, en las cuales ya indica que piensa utilizar su experiencia, ascética y mística se entiende. En realidad San Juan de la Cruz no es un hombre que construye un sistema de pensamiento, sino un lector y contemplador enamorado de Jesucristo.

Ya advierte él en la “Subida del Monte Carmelo” que para comenzar a recorrer este camino “lo primero, traiga un constante apetito de imitar a Cristo en todo, identificándose con su vida, y para eso meditar mucho en ella, para saber imitarla y hacerlo todo como él lo haría” (l Subida13,3).

El puede hablar desde su experiencia porque la tiene y muy ancha, o más bien,, profunda. Santa Teresa de Jesús fue la primera en descubrir su gran experiencia y así lo manifiesta en carta a las Carmelitas de Beas, diciéndoles de él que es “de grandes experiencias y letras".

Y puede hablar con el lenguaje de Artista Genial, que le sirve de vehículo para comunicar, inmenso comunicador, el desbordante caudal de su experiencia en la que está inmerso y que le inunda y le desborda, lo que le convierte en Maestro y testigo, como escribió Juan Pablo II en su carta con motivo del IV Centenario.

La experiencia de Dios de que goza es inefable pero él inventa un modo de decir lo que no se puede decir, creando símbolos y poesía.

Juan de la Cruz tiene conciencia de que lo que tiene no es de él sino de Dios y de que Dios se lo da para la Iglesia y para los hombres, por eso a ella y a ellos lo entrega.

Hoy, que el mundo está lleno de palabras estériles y vacías, cuando tantas veces se habla y se escribe sin tener nada que decir, se nos presenta Juan de la Cruz como Maestro pleno de experiencia y tan sintetizador que “odia la dispersión”, como dice de él el agnóstico Baruzi.

Hoy, que dicen que se va buscando lo auténtico, resulta de rabiosa actualidad un maestro que evita el desangramiento verbal e ideológico y que cierra el camino a la dispersión. Resulta, además, uno de los hombres más simplificadores de todas las culturas de la historia.

Precisamente por esto, y por su personalización del hecho cristiano, cuando está desapareciendo a galope el cristianismo sociológico, y nos estamos quedando a la intemperie con solo lo sustancial y personal, Juan de la Cruz, que estima que lo puramente cristiano es la relación de persona a persona, es actualísimo.

San Juan de la Cruz se da perfecta cuenta de que dice la palabra grave, sólida y sustancial y de que con ella va a cubrir algunas lagunas importantes en la forma de expresar la vocación cristiana.

También sabe que su estilo es bello y pleno de sugestividad. Y de que rompe hasta donde puede con el decir lo que aprendió en la Universidad de Salamanca de Dios conceptualizado, porque Dios es inconceptuable. Por lo mismo él no lo define sino que con belleza impresionante, lo sugiere en símbolos y en dulcísimos poemas, cargados de teologalidad y de fino lirismo.

Qué sugerentes intuiciones los símbolos evocadores del Amado! “Mi Amado, las montañas, -l os valles solitarios nemorosos, - las ínsulas extrañas, - los ríos sonorosos, - el silbo de los aires amorosos;- la noche sosegada - en par de los levantes de la aurora - la música callada, la soledad sonora,- la cena que recrea y enamora”.

La belleza y la elección de los susurros de las palabras silbantes como brisas de primavera, cautiva y serena y pacifica y, a poco que el lector se deje, le mete en Dios, le introduce “en el ameno huerto deseado, -el cuello reclinado- sobre los dulces brazos del Amado”.

¡Cuánta belleza en la expresión: “Entremos más adentro en la espesura”, que tiene tanta hondura cristológica y redentora de Noche!.

A pesar de todo, o por todo ello, los suyos no le comprendieron, porque el genio nunca es contemporáneo. Sólo lo es de los siglos siguientes, que estarán marcados por el magisterio de San Juan.

No se va a poder prescindir de su palabra, aunque se crea que sí. Pero no. El ha sido, y va a ser, maestro y pedagogo, o, mejor, mistagogo, de cristianos vigorosos y compactos.

Mistagogo, porque enseña las “grandes cosas que entendió” cuando: “Entréme donde no supe, - y quedéme no sabiendo, - toda ciencia trascendiendo".

Nadie como él es agente de ecumenismo. Testigos Atenágoras, Taizé, Ramsey. Porque es amigo de la anchura, porque no estrecha en dogmatismos, porque Dios no es estrechura.

Agnósticos como Baruzi, son sus fervientes panegiristas.

El Hinduismo, y el Taoísmo y el Yoga y el Zen lo consideran como el Pantanjali de Occidente en expresión de Suami Sideswarananda.

Maravilla que en la oscuridad horrorosa de la cárcel de Toledo, en el estiércol de la miseria y malignidad humana irrumpa y culmine y se haga río de palabra una experiencia de Dios determinante y decisiva en la vida de San Juan y de la Iglesia, y de la humanidad.

Allí vivió el Cántico. Allí lo repitió infinitas veces para suavizar la esperanza de los hombres, como quien deshoja, pétalo a pétalo, un manojo de olorosas azucenas y de rosas, sobre el estiércol donde nacieron y al que perfuman.